La investigadora del CIDTA de la UCN apoyó con sus conocimientos y su experiencia, al proyecto estudiantil de la escuela Aníbal Pinto Garmendia de Coquimbo. Acá están sus impresiones del cómo ha sido su labor como asesora científica.
La Spirulina es una microalga que en la actualidad goza de bastante importancia, debido a sus propiedades para la salud. Es por esto que la docente Bárbara Ávila y los estudiantes de la Escuela Aníbal Pinto de Coquimbo, decidieron investigar más sobre las propiedades de ella, cultivándola a escala laboratorio y sometiéndola a diversas temperaturas e intensidades de luz.
Los resultados confirmaron el hecho de que existió una mayor producción de microalgas en los cultivos tratados con mayor intensidad lumínica y con mayor temperatura.
Quien apoyo científicamente este proyecto, fue la científica del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Algas, CIDTA de la UCN, la Dra. Fadia Tala. La investigadora es Bióloga Marina y tiene un doctorado en Ciencias con mención en Botánica y ha dedicado su labor a realizar descubrimientos y trabajos en el área de las algas.
Conversamos con ella para conocer sus impresiones sobre el trabajo de los estudiantes de la escuela Aníbal Pinto y la responsabilidad que tiene un investigador en dar a conocer sus descubrimientos y comunicarlos con la sociedad.

¿Cómo se gestó el vínculo con los estudiantes de la escuela Aníbal Pinto?
Me contactó la profesora, porque ella tenía la idea de postular a un proyecto con el tema de las algas y llegó a la Universidad, se acercó, lo conversamos y de a poco fuimos ordenando la idea. Ellos postularon y pude colaborar en el desarrollo del formulario.
¿Cuánto cambiaron los estudiantes desde marzo, cuando se inició el proyecto, hasta el día de hoy?
Primero, adquieren conocimiento y vocabulario que antes no tenían. Hay algunos que se nota que leen un poco más, que se informan más. Se acercaron a un área que no conocían, les sorprendió ver muestras de micro algas en el microscopio, cuando creen que es sólo verde y aparece un organismo moviéndose. Tiene que ver con esto, con el conocimiento que logran adquirir y abrir un poco su campo en el tema de las algas y cuáles son sus aplicaciones y darse cuenta de que las algas están en productos del diario vivir y que ellos no tenían la menor idea.
¿Qué característica hace especial el hecho de trabajar con niños en edad escolar, a diferencia de universitarios u otros investigadores?
Es mucho más fácil modularlos, porque están sin prejuicios, están abiertos al conocimiento, al explorar, tienen menos temores a equivocarse. Esto facilita el trabajo, ellos estaban bien motivados.
¿Hubo desencanto de ellos en algún momento o siempre estuvieron con una alta motivación?
Siempre estuvieron motivados. Eso sí, por el espacio físico no podían venir todos, entonces estaban constantemente rotándose. Bueno, el accidente de Bárbara (N.R profesora del establecimiento estuvo ausente un par de semanas), también influyó. Como todos los grupos siempre destacan líderes, que están más metidos en el tema, que ya no había que darle tantas instrucciones porque aprendieron, pudieron medir la luz, usaron el espectrofotómetro, sin tener mucho conocimiento de cómo funcionan estos equipos, pero algo lograron entender. El trabajar con niños permite modularlos, que te acompañen en lo que uno está viendo y no tienen miedo a equivocarse.
¿Para usted como científico asesor, cuál es la importancia o valoración emocional de que los estudiantes hayan clasificado al Congreso Nacional Escolar?
En el fondo es un gran logro, pero es de ellos. Uno apoya en ciertos aspectos de la idea, se las tratas de aterrizar, de llamar la atención en aspectos que no pensaron, pero el logro es de ellos y es súper valioso. Porque al final aplicar el método científico no es sólo cuando uno quiere hacer experimento, a veces se puede volver una filosofía de vida, de avanzar y observar, preguntar, cuestionar, experimentar y si no resultan algo lo mejor. No sólo la formación es acercarse a la ciencia, sino ya que se acercan a una forma de vida que puede resultarle mejor. Son chicos de básica, se están recién formando, a veces son chicos vulnerables con una heterogeneidad entre los estudiantes que están ahí. Es muy gratificante. Lo valoro por ellos, por los niños y por el trabajo que hace Bárbara.
¿Cuál es el mensaje que le puede dar a sus pares científicos, a que se sumen a estas iniciativas de ciencia escolar?
Yo tengo la filosofía de que cuando llega un estudiante y me pregunta si tengo tiempo le digo “no tengo tiempo, pero me lo tengo que hacer”. Yo creo lo que hacemos en nuestro laboratorio, lo debemos transmitir al mundo, la sociedad y así lo acercas a la gente que no ve generalmente la ciencia. Esto tiene mucho con la vinculación con el medio, de estar dispuesto a compartir conocimiento, de bajar el vocabulario, la forma de explicar. Para mi esta es la primera vez que participo con un grupo masivo de escolares y lo encontré muy gratificante, profesional y personalmente. Lo que yo hago, logras traspasarlo a alguien que no tiene la formación, entonces que ellos logren entender la actividad que uno hace es bastante importante. Hay que hacerlo, en algún momento, tratar de traspasar el conocimiento. Además, de todos estos niños, más de alguno seguirán una línea científica y no necesariamente en las ciencias del mar y que contribuirán con el país y el desarrollo y le contarán a sus pares, a sus familias, que están mucho más alejado de la ciencia y esto comienza a ser una comunicación en red para traspasar el conocimiento. Hay que buscar una idea simple, tratar de apoyar y no quita mucho tiempo. Arriesgarse y hacerlo.