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Sáb, Ago

La convivencia escolar mejora gracias a la evidencia científica

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La implementación del primer sistema de medición y monitoreo de la violencia y el clima escolar es una iniciativa pionera en el país, desarrollada gracias al apoyo del programa Fondef de CONICYT, que escaló a nivel nacional al ser transferida al Sistema Público de Educación, alcanzando a más de 100 mil niñas y niños.

Las denuncias recibidas por la Superintendencia de Educación aumentaron en 700 durante el 2016, con más de 11 mil casos, según cifras del organismo estatal. La mayoría de ellas se relacionan con discriminación por características físicas o apariencia personal y discapacidad; agresiones sexuales y medidas disciplinarias.

Ante este panorama, la necesidad de mejorar la convivencia escolar, se hace urgente. Por esto, un grupo interdisciplinario de investigadores de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) ha orientado sus esfuerzos a dar soluciones a este problema, gracias al apoyo de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, CONICYT. Ello ha sido posible, mediante el Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico, Fondef, instrumento que financia el Programa de Apoyo a la Convivencia Escolar (PACES).

Este último surge del proyecto Diseño, desarrollo y validación de un sistema de monitoreo de la convivencia escolar, ganador del Primer Concurso de Ciencia Aplicada del mismo programa (Fondef-Idea), que busca contribuir al fortalecimiento de las comunidades escolares.

“Es un sistema de información. Comunica a las escuelas cuál es la situación en convivencia escolar mediante pruebas científicamente validadas, pertinentes a la realidad cultural de Chile, usando reportes y sistemas de apoyo para que así, se tomen decisiones basadas en evidencias”, dice Verónica López, doctora en Psicología y directora de PACES.

No sólo busca diagnosticar el clima escolar, sino también, apoyar el cambio en temas de convivencia a través del fortalecimiento de las capacidades de los colegios para gestionarlo. En esta lógica, los establecimientos educacionales reciben un reporte de sus fortalezas y debilidades gracias a la medición.

“Las escuelas suelen pensar que los problemas de desarrollo social y emocional son de los estudiantes, específicamente de los agresivos, cuando en realidad es un asunto colectivo. Y la solución, también es ecológica, en el sentido de que el individuo está inserto dentro de una ecología humana de sistema, que nombramos convivencia escolar. Entonces, para mejorar eso, tiene que haber un esfuerzo global de parte de los adultos”, señala la doctora López, experta en violencia y convivencia escolar.

“La respuesta no pasa por individualizar al niño problema, sacarlo del aula y expulsarlo de la escuela. Eso genera una segregación del sistema escolar. Separar a la ‘manzana podrida’ -para decirlo como metáfora- provoca una guetización de la educación. Eso le hace mal a la enseñanza, al país y a los niños”, agrega la académica de la PUCV, quien comenzó a estudiar el acoso escolar o bullying, con un Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico –Fondecyt- de Iniciación.

Transferencia al Sistema Público
La iniciativa va en su segundo Fondef. En el primero, desarrollaron el concepto de monitoreo que incluye encuestas, reportes y un asesoramiento. Luego de los positivos resultados, con el proyecto (Fondef IT 14I10132) Empaquetando y Transfiriendo un Sistema de Monitoreo de Convivencia Escolar al programa de sistema público Habilidades para la Vida de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, Junaeb, lo transfirieron al Programa Público Habilidades Para La Vida (HPV II).

“El impacto es real. Hoy, es una política pública y está presente en casi todas las regiones del país, dentro de la oferta programática de la Junaeb, incorporado en el segundo ciclo básico de los colegios municipales y subvencionados –que son los más vulnerables- involucrando a 100 mil niñas y niños”, explica López.

El coordinador de la iniciativa en Punta Arenas, el psicólogo Andrés Lepe, destaca la importancia del alcance nacional. “Es un programa único en Magallanes, que durante los tres años de ejecución a nivel país, se ha mantenido entre los cinco mejor evaluados de Chile. Aquí nos orientamos en fomentar la convivencia escolar positiva, desarrollando distintas temáticas, desde un enfoque ecológico y una mirada integral de parte del equipo multidisciplinario”.

Por otra parte, el clima de convivencia en establecimientos educacionales, junto a la autoestima académica y motivación escolar, la participación y formación ciudadana, y los hábitos de vida saludable- establecidos por el Ministerio de Educación y aprobados por el Consejo Nacional de Educación en 2013- corresponden a aspectos no académicos que, siendo parte del desarrollo de los niños y jóvenes, pueden y deben ser fomentados intencionadamente con el accionar educativo.

Un reciente estudio de la Agencia de Calidad de la Educación, Los indicadores de desarrollo personal y social en los establecimientos educacionales chilenos: una primera mirada, concluyó que estos reconocen la importancia del desarrollo socioemocional de los estudiantes, pero se muestran poco eficaces en su promoción. Se detectó una falta de apoyo hacia los docentes por parte de los equipos técnicos y directivos, para elaborar didácticas, metodologías y prácticas hacia el trabajo en el aula.

Pese a ello, las escuelas fueron identificadas como espacios de refugio por los alumnos, reconociéndose un buen trato desde los adultos hacia los niños y jóvenes que asisten a ellas. “En la sala de clases hace falta un nuevo paradigma. Uno en el cual los estudiantes definan metas; trabajen colaborativamente entre ellos; se promueva el pensamiento divergente; y los contenidos, integren lo social y lo público. De este modo, la vida interior de los alumnos y alumnas se conectará con el mundo externo, situado en la escuela”, según señala el análisis gubernamental.