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Vie, Ago

Así se vivió el campamento escolar de ciencias y tecnología de Explora CONICYT en Picarquín

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• Durante una semana, en un entorno natural y acompañados por destacados científicos, un total de 156 jóvenes participó de esta iniciativa, que los invita a vivir una “experiencia cercana” con la ciencia.

• Genoma humano, realidad virtual, ADN vegetal, big data y matemáticas, son algunos de los temas en los cuales los asistentes al campamento conocieron de manera directa, realizando experimentos y actividades en terreno.

Carreras en saco, correr con los compañeros en la espalda y llenar un recipiente con agua sorteando obstáculos. Podría pensarse que asistimos a una competencia de juegos típicos, o que se acerca el 18 de septiembre, pero estamos en plenas vacaciones de invierno, en un campamento de ciencia para escolares en Picarquín, en la Región de O’Higgins. Cada estación del juego, en el que participan decenas de estudiantes de segundo y tercero medio de las regiones de Arica y Parinacota, y Metropolitana, representa una fase en el proceso de formación de antioxidantes, que pasan de los alimentos a las células de nuestro cuerpo. La experiencia fue desarrollada por expertos del Centro de Investigación del Hombre del Desierto (CIHDE), uno de los participantes del Campamento Escolar de Ciencias y Tecnología, implementado por CONICYT a través de su Programa Explora.

El encuentro, que se llevó a cabo entre el lunes 17 y el viernes 21 de julio, fue ejecutado por el Proyecto Asociativo Explora (PAR) de Arica y Parinacota de la Universidad de Tarapacá bajo el nombre de “Tras las huellas de la humanidad”. Entre los científicos que dieron vida al campamento se cuenta el doctor Francisco Rothhammer, Premio Nacional de Ciencias Naturales 2016; y el doctor en Ciencias Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid, Fernando Blasco, autor de libros como “Matemagia”, que buscan acercar esta disciplina al público general.

Natalia Mackenzie, directora del Programa Explora, explicó: “estamos encabezando una serie de esfuerzos que permitirán a los alumnos tener un rol más protagónico en su proceso de aprendizaje. Uno de ellos es fomentar metodologías que les permitan experimentar de manera lúdica con la ciencia, en lugar de solo sentarse en la sala de clases y absorber contenidos, como ha ocurrido tradicionalmente”.

Ciencia en terreno

Durante la carrera por etapas, por ejemplo, los equipos debían exprimir limones a toda velocidad, para luego, en un matraz, generar una reacción química, y es que la ciencia abunda en este campamento. “Con esta competencia buscamos explicar procesos que ocurren a nivel celular. En el caso de los limones, se trataba de identificar la presencia de antioxidantes en el jugo”, explica Emilio Soto, químico del CIHDE.

Esta actividad formó parte del día dedicado al ADN vegetal, que fue apoyado además por la doctora en biología ambiental, Elizabeth Bastías, académica de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Tarapacá.

La experta contó a los participantes sobre el trabajo que desarrolla con agricultores en los valles de la Región de Arica y Parinacota, orientado a proteger los genes ancestrales del choclo lluteño y del tomate poncho negro, que se han utilizado en la región por más de cuatro mil años.

“Es mi primera vez en un campamento, pero antes participé con Explora en 1000 Científicos 1000 Aulas, dando una charla en la escuela donde cursé mi educación básica. Me ha sorprendido muy gratamente el interés que mostraron los alumnos y alumnas por conocer más acerca de mi trabajo”, aseguró.

Una de ellas es Karen Choque (17), alumna de tercero medio del Liceo de Putre. “Esta es la primera vez que viajo y no se mucho sobre ciencia, pero yo vivo en el Valle de Azapa, donde mi familia tiene cultivos: tomate, frutilla, choclo, de manera lo que nos contó la doctora Elizabeth me sirve mucho para aprender”, cuenta. “Me gustaría seguir una carrera relacionada con las plantas”, agrega.

Tecnología y emprendimiento

Otra de las actividades del campamento se centró en la realidad virtual e impresión 3D, donde los asistentes pudieron también conocer la experiencia de emprendedores en el área de tecnología. Kevin Ávila, por ejemplo, tiene 16 años, es alumno del liceo ariqueño Antonio Varas de la Barra y se confiesa fanático de la programación. Cuenta que su sueño es “crear un sistema operativo o desarrollar un software que pueda competir con lo que hace alguna empresa grande”.

Era uno de los más entusiasmados con aprender de todo en el campamento, porque “la informática es ciencia, y la ciencia es curiosidad, innovar, buscar ideas. El campamento me ha ofrecido todo eso”, dice Kevin, con una madurez que sorprende para su edad. Y no es todo, porque este joven ya tiene experiencia como científico. “Estoy en una academia de ciencias, donde propuse crear un horno solar móvil, programado con Arduino (microcontroladores para robótica casera), para que pueda seguir el sol y sea portable”, explica.

Por su parte, Juan Pablo Vergara, alumno del Instituto Nacional Barros Arana (INBA), de Santiago, opina que esta es una gran herramienta para decidir su futuro. “Me gusta la química, la física, la matemática, pero lo que más me motiva, es lo que se puede lograr con la ciencia: investigar, encontrar la cura para una enfermedad o solucionar problemas de la gente”, señala el estudiante de 17 años.

Mónica Navarrete, directora del PAR Explora CONICYT Arica y Parinacota, quien dirigió el campamento, dice que a través de las temáticas abordadas, los estudiantes no solo se interiorizaron de las distintas posibilidades de especialización profesional que ofrece la ciencia, sino también darse cuenta de que ninguna disciplina es demasiado complicada o lejana. “Muchas veces a los chicos no les gusta estudiar un teorema, pero cuando alguien se los explica a través de la magia, como hizo el profesor Fernando Blasco, quedan maravillados”.

Natalia Mackenzie agrega que “a través de esta experiencia, buscamos que los estudiantes puedan tener un acercamiento directo a la ciencia y percibir que está presente en todo lo que nos rodea, desde la naturaleza, hasta nuestro mundo cotidiano. No se trata que todos terminen siendo investigadores, pero sí que el pensamiento crítico que caracteriza este trabajo, los acompañe de por vida, los ayude a tomar mejores decisiones y ser ciudadanos más completos”, concluye la directora del Programa Explora de CONICYT.