Charlas de científicos en colegios podrán efectuarse durante todo el año

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Iniciativa del programa Explora, que busca conectar a los científicos con el mundo escolar para despertar vocaciones e interés por la ciencia en la ciudadanía, contará con una nueva plataforma de acceso. Investigadores relatan cómo ha sido la experiencia de su trabajo con estudiantes.

Rodeada de alumnos de 4to básico, sentados en una suerte de ronda fuera de su sala, en la escuela Fray Camilo Henríquez, la doctora en química, Mónica Antilén, se prepara para mostrar el poder de los suelos y lo vulnerables que son ante fenómenos como la contaminación. Dejando por un instante su labor como profesora del Departamento de Química Inorgánica de la Universidad Católica, Mónica llegó el año pasado junto a cuatro estudiantes tesistas a esta escuela -ubicada en Santiago, en la comuna de San Joaquín- para ofrecer una charla como parte del programa 1000 científicos 1000 aulas, iniciativa que, desde el año 2000, realiza CONICYT a través de su Programa Explora.

Con ella, van varias probetas de plástico, llenas con agua y colorantes.  Cuidadosamente, Las vierte sobre unos embudos con muestras de tierra del sur de Chile: “Esta tierra viene de Vilcún, Temuco, Puerto Varas”, explica a su audiencia. Y entonces sucede algo sorprendente: el agua que escurre por el extremo inferior de los embudos, ya no tiene color, sale completamente clara ante la mirada atónita de los niños y las niñas. “La idea era que pudieran ver que los suelos son capaces de atrapar todo, lo bueno y lo malo, de manera que entendieran, a través de este ejercicio, que no da lo mismo llegar y tirar algo en el suelo”, dice la académica.

Nueva plataforma web

Al igual que ella, sólo el año pasado se realizaron 1734 charlas a lo largo de Chile, como parte de esta iniciativa pionera, cuyo objetivo es acercar el mundo de la ciencia a los escolares y que, hasta entonces, se realizaba durante el mes de octubre. Este año, en el contexto de un plan estratégico para hacer crecer este instrumento y elevar su impacto en la comunidad, se contempla en ocho regiones del país ampliar a todo el año la posibilidad de inscribir charlas. A ello, se suma una nueva plataforma en internet para facilitar la gestión y que está inspirada, nada menos, que en Google.

“Se tomaron los patrones que utiliza el buscador, tanto en usabilidad, como en diseño, lo que permite contar con un sistema más intuitivo y que simplifica todos los pasos, desde la inscripción de las charlas, hasta el final del proceso cuando son escogidas por los colegios”, explica Felipe Pérez, analista de soluciones tecnológicas del Departamento de Tecnologías y Procesos (DTP) de CONICYT. Anteriormente, agrega, se requería que “administradores” condujeran el proceso a través de la web, pero ahora, los científicos tendrán mayor independencia para hacerlo por sí mismos, de manera simple e intuitiva.

Los interesados también contarán con la alternativa de generar solicitudes, como cambiar fechas de charlas o cancelarlas si se requiere, a lo que se suma la opción de crear un perfil en el sistema, incluyendo fotos y desplegando la dirección del colegio. De esta forma, al inscribir la ponencia, tanto el científico como el colegio tendrán acceso a información del otro de manera automática, generando la posibilidad de tomar mejores decisiones. La nueva plataforma comenzará a funcionar a partir del 2 de mayo en versión beta.

Natalia Mackenzie, directora del programa Explora, señala que extender la cobertura de estas charlas responde a una necesidad clave para los objetivos del Programa, que busca terminar con el rol tradicionalmente “pasivo” de los y las estudiantes en torno a la ciencia, para generar interés en ellos a través de la experiencia. “Esto resulta vital para un país como Chile, donde la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia, dada a conocer por CONICYT el año pasado, nos muestra que un 51,3% de la población considera que el nivel de educación recibido en materias científicas y técnicas es bajo o muy bajo, mientras sólo un 7,3% percibe que el nivel fue alto o muy alto”.

Del laboratorio a la escuela

Pero no son pocos los científicos comprometidos con cambiar esta situación. Muchos buscan, a través de su propia experiencia, poder encantar a los niños y niñas y, probablemente, inspirarlos para convertirse en futuros investigadores. Uno de ellos es Enrique Mejías, doctor en bioquímica y especialista en apicultura, quien comenzó a participar en 1000 científicos 1000 aulas en 2009. “Ofrezco dos charlas al año y nunca me ha pasado que no hubo interés, siempre las piden y eso, es muy satisfactorio para uno como científico”, afirma.

El profesor Mejías considera que mediante estas acciones se pueden lograr profundos impactos en los estudiantes. No sólo traspasar conocimientos concretos, como los efectos de los pesticidas en exceso sobre insectos como las abejas, o la importancia de cuidarlas para que exista polinización en la naturaleza. “Es una etapa de definiciones para los niños y niñas, de ver lo que les gusta. De pronto ven un científico, que no anda vestido de científico, que es normal como ellos y eso deja huella”, dice.

No es todo. El investigador agrega que se trata de un buen ejercicio para cualquier científico. “Cuando buscas financiamiento, te encuentras con un ingeniero que ve costos versus impacto. Este proyecto es un muy buen ejercicio, ya que te permite defender tus investigaciones en un lenguaje simple que más tarde te ayuda a presentar tus proyectos. Me parece una gran herramienta”, asegura Mejías.

Daniela Sauma, bioquímica y experta en inmunología de la Universidad de Chile, cuenta que a pesar de internet y todos los estímulos que reciben, los estudiantes hoy, no dejan de sorprenderse con su visita. “Tienen la idea de que el científico es una persona muy lejana, encerrada en un laboratorio y que no es sociable. Pero yo me dedico a la ciencia, hago chistes, les hago ver que somos personas comunes y corrientes”.

“Me puso la piel de gallina”

Daniela también, lleva años participando de 1000 científicos 1000 aulas. Desde 2012 que, cada año, se inscribe para ir a las escuelas a contar acerca de la importancia de entender el sistema inmune, un verdadero “ejército que nos defiende”, en sus propias palabras. Y recién el año pasado, dictó 4 charlas. Cuenta que en una ocasión estaba en su laboratorio de la Universidad de Chile, cuando se acercó una joven a decirle que estaba estudiando allí. “Me pareció cara conocida. Ella me contó que yo había estado en su colegio dando una charla y que eso la había motivado a estudiar biotecnología.  Se me puso la piel de gallina”, afirma.

Por su parte Miguel Castro, doctor en microbiología y académico de la Universidad Santo Tomás, decidió participar por primera vez con una charla en 2015 y, el año pasado, se entusiasmó con dos charlas más. “Decidí participar con uno de mis trabajos para ver si se ajustaba a los intereses de los profesores y, al poco tiempo, recibí feedback positivo”, comenta.

Fue así que llegó con su propuesta “Bacterias para mejorar la calidad de vida de las personas”, para alumnos de 7º y 8º básico. Una de las cosas que le sorprendió, dice, es la capacidad de los niños para vincular lo que escuchan con las noticias. “Me tocó que en un curso habían leído acerca de bacterias que podían limpiar los ecosistemas, de manera que me preguntaban por las bacterias que limpian desastres”.

Según Castro, una de las principales ventajas de extender la disponibilidad de charlas a todo el año es que, al restringirlas al período de un mes –como ocurría hasta ahora- muchas veces, los colegios ya están con sus planificaciones en marcha y no siempre relacionadas con ciencia. El investigador opina que con este mecanismo se puede hacer coincidir las ponencias con actividades de ciencia que el colegio tenga programadas. “Si empiezas a principio de año, puedes sacarle mejor partido”, concluye.

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