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Jue, Ago

¿Sabías que hay quienes plantean que los medios masivos trivializan los mensajes del arte?

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escuela de frankfurt

Según los pensadores de la Escuela de Frankfurt -tradición de pensamiento crítico surgida a principios del siglo XX en Alemania- el arte se basa en una protesta utópica ante la realidad, pero la cultura de masas se acomoda a la misma, y no deja espacio para el pensamiento crítico.

Según las lógicas de Theodor Adorno, el punk rock debió someterse a las ventas para sobrevivir y debieron re-asociarse con la industria establecida. El punk se convierte en mercancía y es atrapado dentro de la ideología de la cultura de masas.

Industria cultural

En sus conceptos, el capitalismo moderno ejerce su dominio más culturalmente que a través de preceptos económicos. Por eso dirige sus esfuerzos a lo que llama "la industria cultural", manifestaciones correspondientes a una cultura de masas, manipulada, falsa y sin refinamientos en la que hay efectos apaciguadores, represores y adormecedores. Esta industria es considerada como un conjunto prefabricado de ideas producidas en serie y divulgadas por los medios de comunicación de masas.

Al final del día, el conjunto de ideas sería un simple instrumento de la ideología capitalista, que amenaza la democracia, la individualidad y la libertad, pues la gente está controlada, anestesiada y llena de falsas necesidades. La Escuela de Frankfurt cristaliza este pensamiento en el concepto de “industria cultural”, surgida al alero de los medios de masas: esquematismo y trivialización de los mensajes, homogenización y estereotipo de los contenidos masivos, comercialización y sensacionalismo de la condición humana, y realidad fragmentada y descontextualizada.

La música pasa a ser una mercancía más y asocia su consumo no a respuestas emocionales, sino con un valor de cambio, como postula Theodor Adorno en 1967, uno de los más reconocidos exponentes. La estandarización y las reacciones de los oyentes sirven así a los intereses del capitalismo monopólico y al control social. La música se transforma en un satisfactor, y su consumo se transforma en algo ideológicamente más potente que el significado del producto.

La música se vuelve estandarizada, se ata a fórmulas preexistentes y normas que son familiares y predecibles. Para llamar la atención recurre a detalles seudo individuales, que sólo son lugares comunes.

Este pesimismo no fue compartido por Walter Benjamin, otros de los pensadores de la Escuela de Frankfurt, quien creía que dentro del capitalismo había un enorme potencial para el desarrollo de una cultura democrática. La reproductividad técnica permite que las obras pierdan su aura y su tradicional autoridad. De esta manera se pasa de una experiencia individual y privada, para ser una expresión social colectiva.