Smart Cities: Chile avanza en el desarrollo de ciudades inteligentes

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schneider-electric smart-citiesLas smart cities son más que ciudades altamente tecnologizadas, son lugares donde la tecnología es aprovechada para crear un espacio más eficiente y sustentable, que mejore la calidad de vida de los ciudadanos. Nuestro país ya suma varias experiencias.

Ser inteligente no significa lo mismo para todas las ciudades. Mientras para algunas puede ser solucionar el problema de la congestión, usando sensores y análisis de datos, para otras es tener más espacios verdes o generar su propia energía. En lo que sí están de acuerdo es que una ciudad inteligente o smart city es, ante todo, una ciudad eficiente, que no desperdicia recursos y que mejora la calidad de vida de los ciudadanos.

“El concepto de ciudad inteligente tiene la virtud de haberse instalado con fuerza y está permeando la manera de pensar la ciudad y gestionar sus recursos. No obstante, el concepto no está claro. En él entran muchas cosas: el uso de tecnologías para mejorar la gestión de los gobiernos, mejoras en transporte, energía y sustentabilidad”, dice Martín Tironi, sociólogo e investigador principal del proyecto The Smart Citizen (el ciudadano inteligente) que busca comprender y describir las prácticas, dispositivos y discursos de la ciudad inteligente en Chile, gracias a un proyecto financiado por Fondecyt.

Noviembre de 2015

Ciudades chilenas en ranking internacional

El año recién pasado, la Fundación País Digital realizó el primer ranking con el potencial de las ciudades chilenas para convertirse en urbes inteligentes. Nuestra capital es la metrópolis que más se acerca. El análisis señala que entre los siguientes factores estudiados: movilidad, gobierno, economía y sociedad, Santiago está en el primer lugar entre las 56 ciudades analizadas. Sólo en medio ambiente y calidad de vida baja un poco, pero sigue entre las tres mejores.

Esta ubicación privilegiada en la lista se debe a que es la capital que posee mejor infraestructura y recibe mayor inversión en diferentes sectores de la economía, lo que impulsa su productividad y conectividad tanto a nivel local como global. En nuestro país, le siguen Puerto Montt y Concepción. Por ello, no es casualidad que las tres ciudades sean las primeras en las que se realizan planes pilotos de smart cities.

La tecnología es un punto en el que coinciden la mayoría de las características de una ciudad inteligente. Jonathan Barton, director del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus), indica que la smart city es un concepto que surge en torno a las oportunidades asociadas, principalmente, a las aplicaciones tecnológicas. “Los factores más importantes son el uso de la información digital y medios de distintas plataformas para la toma de decisiones de las personas, empresas y el Estado. Se supone que estas aplicaciones van a mejorar la calidad de vida de las personas a través de un uso apropiado, como por ejemplo: la información sobre tiempos de espera para la micro, o la calidad del aire”.

Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad del Desarrollo, agrega que el uso de las tecnologías de la información (TIC) puede hacer más eficiente u optimizar ciertas funciones urbanas. “Hoy la ciudad está llena de sensores, no sólo cámaras de seguridad, sino dispositivos que miden temperatura, antenas de celular, etc.; cada persona tiene un smartphone, aplicaciones como Waze, que muestra cómo se comporta el tráfico y permite plantear rutas alternativas. El potencial que tiene la tecnología de la información para mejorar la calidad de vida urbana es enorme”, dice.

Otros ejemplos de aplicaciones son el controlar el flujo vehicular, crear sistemas de navegación urbana, controlar la flota de los buses, entrega información sobre el consumo energético, de los movimientos de basura, el tiempo meteorológico, todos elementos que pueden ayudar a crear una ciudad más eficiente, menos congestionada y sustentable. Un ejemplo es Smartcity Santiago, un prototipo de ciudad inteligente implementado por Chilectra en el Parque de Negocios Ciudad Empresarial de Huechuraba, que cuenta con alumbrado inteligente LED, televigilancia, domótica (contro automatizado de las casas) y energía fotovoltaica, entre otros sistemas que apuntan a la eficiencia tecnológica.

En Chile también se trabaja en el desarrollo de software para predicción del delito usando análisis de datos, como es el caso del Centro de Análisis y Modelamiento en Seguridad de la Universidad de Chile, CEAMOS, centro de investigación que trabaja con financiamiento CONICYT: la herramienta que están implementando conjuga algoritmos matemáticos con abundante información de delitos provenientes de variadas fuentes y tomando en cuenta largos períodos de tiempo. Diversas ciudades en el mundo están adoptando estos sistemas, reportando descenso en los índices de criminalidad por sobre el 10%.

Desafíos pendientes

Otro de los aspectos clave de las ciudades inteligentes que destacan los especialistas es el uso de energía entre distintos servicios urbanos. Allard explica que hay ciertos servicios que generan un desecho, como las plantas de tratamiento de aguas servidas, que filtran, limpian y luego devuelven el agua de forma que se pueda regar los campos sin peligro de enfermedades, por ejemplo. Sin embargo, este tipo de plantas generan malos olores y lodos, un problema que tuvo, por ejemplo, la planta La Farfana y que solucionó convirtiendo esos olores en biogás, al generar una nueva tecnología que les permitió capturar el gas de la descomposición.

Como ese ejemplo, hay más. En Constitución, Región del Maule, utilizan el calor excedente de una planta de celulosa, el que es capturado y llevado a una piscina temperada. “Perfectamente se podría llevar calor a un edificio”, dice el decano de la UDD, “es cuestión de detectar donde hay sinergias”, agrega.

A pesar de que son muchos los beneficios, la ciudad inteligente también se encuentra con problemas y desafíos. El uso de Big Data, procesamiento de una enorme cantidad de datos provenientes de los mismos ciudadanos, permitirá llegar a predecir acontecimientos de la vida urbana: no sólo la localización, sino hacer correlaciones con ello. Eso es beneficioso, pero también tiene contras. Es un desafío qué pasará con la privacidad y el manejo de la información, pues a medida que tenemos acceso se puede vulnerar la intimidad de las personas y hay que ver cómo se regulará.

Esa es una de las actualizaciones que habría que hacer a la legislación chilena, además de otras relativas a implementar acciones que hoy la ley no permite. En eso, entran la posibilidad de reutilizar las aguas grises (provenientes de las duchas o del último enjuague de la lavadora) de los edificios, que podría utilizarse para riego o uso doméstico, pero que una ley de 1927 impide.

Tampoco se puede imitar medidas como las de Suecia o Alemania, que fomentan la separación y el reciclaje de basura doméstica en la misma casa, para reducir la basura que llega a los vertederos. En esos países la basura de cada hogar es pesada y si se excede de lo estipulado, se les cobra, fomentando la utilización de puntos limpios. En Chile, a pesar de existir la tecnología para hacerlo, una iniciativa como esa no puede realizarse, porque la ley no permite cobrar el exceso de basura, habría que hacer una reforma que tardaría años.

Otro problema, agrega Tironi, es que los algoritmos lleguen a transformarse en una especie de dictadura de los datos, encargada de gestionar todos los recursos de una ciudad sin tomar en cuenta al individuo. Barton agrega que un requisito fundamental debe ser la ciudad inteligente sea capaz de generar mayor equidad, no solamente beneficios a ciertas personas con mayor poder de adquisición tecnológica.

“¿Me sirve saber que hay una clínica cerca buscándola desde mi smartphone si no puede acceder a ella? ¿Me vale saber que vivo en una zona con altos niveles de delitos si hay poca reacción de parte de las autoridades frente a estos?”, se pregunta Barton. Resumiendo algunos de los desafíos para ser una verdadera ciudad inteligente.