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Dom, Ago

Científica rastrea gatos con GPS para estudiar interacción con la güiña

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Constanza Napolitano es una joven veterinaria y doctora en Ciencias que se interna en bosques valdivianos y chilotes para investigar la transmisión de enfermedades virales entre gatos domésticos y la güiña, pequeño felino endémico de Chile y Argentina. Herramientas genéticas y arneses geolocalizadores permiten analizar esta interacción que conlleva peligros para la conservación de esta especie salvaje protegida.

El Parque Nacional Alerce Costero cerca de Valdivia y el Parque Tantauco en Chiloé, son los laboratorios naturales en los que se interna la Dra. Constanza Napolitano para encontrarse con los felinos endémicos más pequeños de América del Sur: la güiña (Leopardus guigna). Especie protegida con prohibición de caza y captura en Chile desde hace tres décadas; y en la categoría “vulnerable” de la lista roja de especies amenazadas de la IUCN (International Union for Conservation of Nature).

La preocupación de la Médico Veterinario de la Universidad de Chile es la interacción entre la guiña y los gatos domésticos de viviendas rurales ubicadas muy cerca del bosque. Lugares considerados fragmentados, es decir, aquellos que han sido intervenidos por el hombre afectando el tránsito que naturalmente mantienen las especies.

La investigación, un proyecto FONDECYT Iniciación, busca estudiar la transmisión de enfermedades virales entre ambos: leucemia e inmunodeficiencia felina, contagio que podría afectar la salud y sobrevivencia a largo plazo del mamífero carnívoro y cuya consecuencia final podría ser la extinción.

El trabajo es complejo porque no existe certeza de su población actual, densidad o distribución geográfica. Ni siquiera es posible decir cuántos años viven en promedio las güiñas, que no superan los dos kilos y medio de peso, tienen una conducta bastante arbórea y se alimentan de pequeños roedores, aves y reptiles. La investigadora postdoctoral del Laboratorio de Ecología Molecular e Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile, quien ha dedicado su carrera científica al estudio de los felinos usará herramientas genéticas y medio centenar de gatos con “mochila GPS” para corroborar su hipótesis.

¿Por qué escogiste los ambientes perturbados para situar tu actual investigación de postdoctorado?

Porque la ecología de paisajes fragmentados en una de las temáticas más relevantes en conservación. También porque es sólo en este tipo de lugares donde se da el contexto que estoy estudiando: la interface entre gatos domésticos y güiñas, puesto que en condiciones normales no compartirían un mismo hábitat. Sin embargo, en estos ambientes perturbados hay casas rurales con un fragmento remanente de bosque muy cerca. Allí la güiña en busca de alimento (suplementario probablemente) muchas veces sale del bosque y ataca el gallinero y también por su parte los gatos domésticos que en el campo son bastante asalvajados -no asilvestrados porque ese es un concepto bien específico- difíciles de tomar, se desaparecen varios días y se van al bosque.

¿Qué sucede cuando una güiña se encuentra con un gato casero?

Como en estos lugares se propicia mucho más el contacto entre la güiña y el gato doméstico -en comparación con paisajes prístinos de bosque como en Parques Nacionales donde esto no sucede- cuando se encuentran frente a frente probablemente pelean y se rasguñan.

¿Cuáles son las consecuencias de esta interacción entre los felinos?

Estoy estudiando la existencia de un contagio de virus transmitidos por contacto directo, por estos arañazos. Específicamente dos: el de leucemia y el de inmunodeficiencia felina. Pero la pregunta macro sería: “¿Son los paisajes antropizados (o perturbados por el hombre) propiciadores de esta interacción que podría impactar a la güiña a largo plazo?” O sea, si estos patógenos son emergentes para la güiña y le causan enfermedad (signos clínicos), esto podría significar un impacto negativo para su conservación.

¿Cuales son las otras amenazas de las güiñas? ¿Tiene algún depredador?

El hombre es la principal amenaza y con distintas aristas: la pérdida de hábitat como la amenaza principal y también la persecución directa, la caza. En general porque las pillan en sus gallineros, algo que se da con relativa frecuencia en el sur.

¿Cómo surgió esta búsqueda de respuestas?

En mi tesis de doctorado estaba estudiando el impacto de la fragmentación del hábitat sobre la diversidad genética poblacional de la güiña. Considerando que en el contexto internacional hay otras especies de felinos silvestres en igual situación, por ejemplo leones en África con las mismas enfermedades emergentes: leucemia e inmunodeficiencia felina, comencé a indagar y el proyecto se amplió. La idea ahora es comparar ambientes perturbados y no perturbados para confirmar mi hipótesis de que el gato doméstico es el factor condicionante, el origen del contagio.

Mochilas GPS para gatos

La científica trabaja con herramientas moleculares para amplificar ambos virus por PCR. Con la obtención de las secuencias genéticas de los virus se puede indagar más acerca de la direccionalidad de la transmisión. Además, si es la misma cepa y tienen alta similitud molecular genética se infiere que es una transmisión reciente. Uno de los aspectos más llamativos es el uso de una suerte de “mochilas” con GPS que permitirán rastrear a los gatos domésticos para conocer su conducta: si penetran o no al bosque y cuánto.

¿Cómo comprobarás la interacción entre las especies?

Queremos ver es si espacialmente esos gatos domésticos de las casas rurales se internan en el bosque, entonces usaremos unos arnés que tienen un dispositivo GPS, que se usan en EEUU para hacer seguimiento a las mascotas. Estamos trabajando con las comunidades rurales que bordean los Parques Nacionales, con entrevistas a los pobladores, quienes nos autorizan a ponerle la mochila a sus gatos -con más foco en los viejos y en los machos que son los que generalmente salen más y se pierden por varios días- para registrar sus movimientos y obtener un registro de cómo éstos se están metiendo a las áreas protegidas -si es que eso está ocurriendo- y luego lo correlacionamos con los virus que estamos encontrando.

Tenemos 20 de esos GPS, se dejan un par de semanas con las mismas mascotas y luego se pasan a otro grupo, la idea es abordar al menos 50 gatos.

Ante la ausencia de datos, ¿Cómo estimas la distribución geográfica de la güiña o su esperanza de vida?

Es una distribución geográfica limitada dentro de la zona centro-sur de Chile, puesto que existe una alta antropización que restringe su hábitat potencial. La güiña necesita cobertura vegetal; está asociada al bosque esclerófilo en la zona central y al bosque templado lluvioso, en el sur. Lo que restringe aún más los lugares donde uno podría decir que la encuentra.

Tampoco se sabe cuántos años viven. En cautiverio algunas han llegado a los seis años de edad. Pero silvestres, nunca he encontrado una güiña anciana, a lo más de tres o cuatro años. Lo que se estima según los dientes principalmente, y complementariamente observando en las hembras también las glándulas mamarias.

¿Qué buscas responder con tu trabajo científico?

Me interesa poder responder cómo a través de la perturbación de los ambientes naturales estamos afectando diversos procesos de los felinos, como la disminución de la diversidad genética y la eventual emergencia de enfermedades, que tiene consecuencias para la conservación de ese felino. En realidad es un modelo de estudio que puede ser extrapolable a otros mamíferos carnívoros.

¿Qué secuelas tiene la menor diversidad genética?

Eventualmente puede producir una mayor endogamia en una población, lo que lleva a tener problemas con la reproducción y también la capacidad que tiene para responder a la aparición de enfermedades. Eso hace que sea un círculo vicioso porque poblaciones pequeñas, aisladas, con menos diversidad genética, podrían ir teniendo menor respuesta inmunológica y enfermarse, lo que podría llevar directamente a la extinción de algunas poblaciones locales.

¿Una extinción a largo plazo?

No tan a largo plazo, puede impactar en un par de generaciones donde exista pérdida de diversidad genética o enfermedades emergentes. Esto no ha sido evaluado en poblaciones silvestres, pero teóricamente es así.

Anteriormente trabajaste con otro felino que vive al norte del país, el gato andino (Leopardus jacobita) ¿Qué ha sucedido con esta investigación?

Ese un proyecto que tengo desde mi tesis de pregrado, o sea, llevo doce años ya involucrada en el estudio y conservación del gato andino en el norte y centro de Chile, formo parte de la organización Alianza Gato Andino (AGA). Consigo pequeños financiamientos, principalmente extranjeros (tiene uno de National Geographic), que apoyan mucho las iniciativas de conservación. Ahora estamos desarrollando como proyecto piloto una Red de Monitoreo a Largo Plazo de poblaciones del gato andino, un sistema de monitoreo con trampas cámaras en Áreas Protegidas de CONAF en donde al gato andino habita. Establecimos una colaboración con CONAF, visité varias áreas protegidas, capacitamos al personal (guardaparques) y donamos materiales para continuar con el monitoreo, como estas trampas-cámara con sensor de movimiento que toman fotos sólo cuando un animal pasa en frente.

El gato andino es muy elusivo, difícil de observar. La información más básica de una especie para poder tomar medidas de conservación es saber dónde están, cuántos son es la última pregunta que uno puede responder. Lo mismo sucede con la güiña.