Romeo, el primer hijo de un animal clonado nacido en Chile

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El 20 de febrero nació el ternero Romeo, que con sus 33 kilos y medio se convirtió en la primera cría de un animal clonado nacida en el país. Su madre es un clon genéticamente superior de una vaca de la raza Angus. Su exitoso parto natural es un hito científico nacional que derriba los mitos alrededor de la técnica de clonación animal, que obligó a repensar la ciencia hace dos décadas con el nacimiento de la oveja Dolly.

Romeo es la primera cría de un animal clonado nacida en nuestro país. Un saludable ternero que pesó 33 kilos y medio. Acaba de cumplir ocho meses pastando en los campos de Chillán junto a su madre Julieta, vaca de la raza Angus de tres años de edad, el único clon que sobrevivió de los cuatro desarrollados por el Grupo de Biotecnología Animal de la Facultad de Medicina de la U. de Concepción (UDEC).

El grupo de científicos alcanzó el éxito hace siete años atrás cuando obtuvo el primer clon vivo en Chile y América Latina, usando la técnica Hand Made Cloning (HMC, clonación hecha a mano). En nuestro país los intentos de clonación bovina han estado a cargo también de la Universidad Austral de Chile (UACH) y del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA).

La clonación animal con fines reproductivos, el mejoramiento de la calidad de los embriones clonados y la toma de muestras genéticas de especies endémicas con miras a una futura clonación para prevenir extinción de especies, convierten a nuestro país en una potencia científica del área en América Latina. Sólo comparable con Argentina, donde la clonación de caballos de competición para la exportación es una industria establecida.

Octubre de 2015

Romeo y su madre Julieta

Seis meses después del nacimiento de Romeo, la Unión Europea anunció la prohibición de la clonación e importación de embriones u animales clonados, además de la venta de alimentos que provengan de éstos o sus descendientes, argumentando las altas tasas de mortalidad involucradas.

En Chile, esa dificultad se aprecia en la historia de la clonación nacional. El primer clon sólo vivió unas horas, una vaca Wagyú llamada Lola. El segundo, Victoria, de la misma raza, murió al cumplir dos meses de vida. Luego vino Esperanza de la especie Angus, que alcanzó a vivir un año; y finalmente su ‘hermana’ de la misma línea celular, Julieta, el clon más exitoso hasta ahora y madre de Romeo.

Este ternero chileno es un animal de elite dentro de su raza, resultado de una inseminación artificial de un padre escogido por catálogo en EEUU. Un nuevo hito para el equipo de científicos de Chillán, dirigido por Doctora en Ciencias Agropecuarias, Lleretny Rodríguez.

“Con el nacimiento de Romeo, logramos desmitificar tres grandes temas: primero que los animales clonados tienen mala salud, Julieta es una vaca igual que cualquier otra, incluso en su comportamiento reproductivo; segundo que el proceso de clonación genera animales estériles; y tercero que el gran peso que registran los clones al nacer se manifiesta en sus crías”, explica Rodríguez.

El unigénito nació en un parto normal y fue alimentado por su progenitora desde sus primeros minutos de vida. El equipo de investigadores sólo ha intervenido con los controles de salud rutinarios. “Hacemos un seguimiento minucioso del becerro, todos los exámenes y las constantes fisiológicas han estado bien”, agrega.

Avances de la clonación nacional desde Dolly

En 1996 el Instituto Roslin de la Universidad de Edimburgo, en Escocia, anunciaba el nacimiento de la oveja Dolly, el primer mamífero clonado en la historia de la humanidad. El procedimiento consistió en insertar el núcleo de una célula adulta mamaria en un ovocito carente de núcleo para formar un embrión. Tras implantarlo en un tercero, nació una cría idéntica al ejemplar donante, es decir, un clon.

Hoy Dolly descansa en el Museo de Edimburgo, murió siete años después de su nacimiento. Desde entonces cientos de animales han sido clonados alrededor del globo. En Chile existe una histórica disputa científica sobre cuál de las dos universidades antes mencionadas, dio origen al primer clon nacional. Ya que para algunos los terneros de Valdivia (UACH 2007) fueron abortados 60 días antes del parto y para otros sólo nacieron prematuros. La realidad es que las crías valdivianas sólo vivieron dos horas, mientras que Victoria, la ternera chillanense (UDEC 2008) sobrevivió tres meses antes de perecer a causa de fallas pulmonares y digestivas.

Prematura también nació Joya Verde, del INIA de Temuco (2011) no superó un paro cardiorrespiratorio y murió a los pocos días. Los tres proyectos de clonación tenían objetivos distintos. En Valdivia la intención era aplicar la técnica por primera vez con miras a posibles aplicaciones farmacéuticas. Propósito que fue llevado un paso más allá en el INIA, Joya Verde fue solo uno de los muchos embriones modificados genéticamente para que su leche sintetizara proteínas de uso industrial, cuyo nombre y propósito se mantienen en reserva hasta hoy por razones comerciales.

Mientras que en la investigación protagonizada por Victoria, a la que luego seguirían Esperanza y Julieta Paz –madre de Romeo–, el fin era pulir la técnica de generación embrionaria para utilizarla como un método de reproducción asistida y generar individuos de alto valor genético para la ganadería chilena.

El desafío de generar embriones exitosos

El proceso básico tras la clonación continúa idéntico al utilizado en el Instituto Roslin hace ya 20 años, sin embargo los avances en manipulación genética de embriones han ampliado la tasa de éxito considerablemente. “Si para el caso de la oveja Dolly la eficiencia en la generación de blastocitos –etapa en que los embriones se transfieren a una madre receptora– fue de un 10%, hoy se alcanzan niveles similares a los de la fecundación in vitro, que en bovinos es de hasta 40%”, detalla Ricardo Felmer, doctor Biología Celular y Molecular e investigador de la Universidad de La Frontera (UFRO) a cargo del proyecto que originó a Joya Verde.

La gran dificultad sigue siendo la baja tasa de nacimientos, que es de un 8%. El Dr. Mario Martínez, autor del primer intento de clonación en el país y partícipe en la primera clonación de búfalo en el mundo (Colombia 2014), cree que se debe a que desde Dolly se ha avanzado muy poco en la técnica de reprogramación del núcleo celular para que sea capaz de formar un embrión completo que llegue a término. “Es un proceso delicado que continúa siendo muy ineficiente, por lo que se puede generar embriones de calidad disímil, incluso a partir del mismo individuo”, expone.

En este punto está actualmente el foco investigativo de los científicos nacionales expertos en clonación. “Se estudian las etapas muy tempranas del embrión clonado, incluso antes de la implantación uterina para identificar qué genes están relacionados con implantaciones exitosas. Nuestras conclusiones indican que hay ciertos marcadores genéticos que impiden el desarrollo embrionario más allá de lo que ocurre en las etapas tempranas”, agrega Rodríguez.

Banco de genes ¿es posible clonar animales extintos o una mascota fallecida?

Hace tres años Rusia y Corea del Sur, firmaron un acuerdo de cooperación para clonar un mamut. ‘Revivir’ un animal extinto no es ficción, ya se hizo en España en 2009 con la cabra de monte (Capra pyrenaica) extinta en el 2000. Para lograr esta clonación interespecies, los científicos del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón tomaron muestras celulares de oreja y sangre del último ejemplar y las guardaron a 196°C bajo cero. Luego implantaron los embriones en cabras domésticas. La cría nacida fue una cabra idéntica a la original.

“Algo parecido quieren hacer con el mamut, pero el desafío es incluso mayor ya que para que funcione la técnica se requiere de células congeladas que no tengan daños en su ADN y una madre receptora capaz de gestar estos embriones, la única posibilidad aquí es usar elefantes. Pero, ¿qué haríamos con un mamut en nuestros tiempos? La pregunta sigue abierta”, cuestiona Felmer.

Chile no se queda atrás. El primer Banco de Recursos Genéticos Criopreservados, creado hace seis años es un repositorio de células para salvaguardar especies endémicas de la extinción. Entre los animales cuyas muestras ya se encuentran congeladas destacan el pudú, el picaflor de Juan Fernández, la chinchilla, la comadrejita trompuda y el zorro chilote.

“Este banco genético es un gran avance para recuperar especies en peligro. Esperamos que en un futuro la tecnología habrá madurado y este esfuerzo preventivo de congelar muestras habrá probado ser útil”, explica la Dra. Rodríguez, una de las precursoras de la iniciativa.

 

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