Los humanos somos los únicos animales con pera

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El cráneo moderno (izquierda) tiene mentón, a diferencia de uno de neandertal (derecha). / Tim Schoon, Universidad de Iowa

Todos tenemos un mentón pero si te preguntan de qué sirve ¿sabrías qué responder? Hasta el momento nadie ha podido entregar una buena respuesta para justificar que los seres humanos seamos los únicos animales del planeta con barbilla. Es más, en el grupo de primates como simios o chimpancés; o nuestros antepasados como los neandertales, tampoco cuentan con un mentón. Los arqueólogos utilizar la ausencia de un mentón para distinguir los restos óseos de los neandertales a los humanos modernos.

Un equipo de investigadores estadounidenses de la Universidad de Duke en Durham, Carolina del Norte, expuso los resultados de un estudio de larga data para definir el uso esta protuberancia del hueso que aparece debajo de la pared frontal de la mandíbula humana inferior.

Históricamente se ha propuesto que nos ayuda a masticar; a hablar; o que es un producto de la selección sexual. Estas tres hipótesis han sido desechadas por la ciencia. Podría simplemente ser un “rasgo no adaptativo” como sugirieron en 1979 los biólogos Stephen J. Gould y Richard Lewontin. La barbilla, dijeron, es un “tímpano”, es decir, corresponde a un subproducto de un cambio ocurrido en otra zona de nuestro cuerpo. En este caso, una consecuencia de la reducción del cráneo humano, que ha provocado que nuestros rostros sean cada vez más pequeños.

Lamentablemente, ninguna de las teorías científicas propuestas hasta hoy ha logrado dar en el clavo y el largo estudio de la U. de Duke, concluye que “duda que el montón humano se trate de una adaptación”, el problema es que por ahora nadie puede demostrar que sea un accidente tampoco. “No tenemos las herramientas para hacerlo ahora mismo”, dijeron. Entonces, ¿para qué pasar tantos años estudiando un rasgo de nuestra anatomía que pareciera ser inútil?

Los investigadores explicaron que si bien no hay una respuesta unánime aún, su estudio ayuda a identificar los procesos evolutivos que nos hacen ser lo que somos hoy. También revela que la evolución trabaja de muchas maneras diferentes; y que al descifrar cómo llegó a “ponernos” una pera, puede ayudarnos a entender como seguiremos evolucionando.

Fuentehttps://evolutionaryanthropology.duke.edu